Presentación de Roger Santodomingo, CEO de Citizenz Tech y promotor del proyecto Nación Venezuela en Boston University, el 30 de abril en el evento Plan País 2018.

Buenas noches. Quiero hablarles de un idea. Hacer la primera nación en blockchain, la primera nación en el exilio organizada con tecnología blockchain. Les quiero hablar de la diáspora venezolana, de refugiados, de poder colectivo y de blockchain. Todo en menos de 10 minutos que tenemos esta noche en este Venechat.

Aunque algunos están familiarizados con el blockchain, muchos creerán que les estoy hablando en chino. Y es comprensible.

El blockchain se creó en el 2009 para lanzar una criptomoneda, el bitcoin. Gracias a una poderosa criptografía y un sistema descentralizado de información, el bitcoin resolvió dos problemas del mundo digital: uno es la duplicidad de los valores (si yo tengo un bitcoin y se lo transfiero a otra persona, es como darle efectivo y yo dejo de tenerlo, no puedo copiarlo) y el otro es la confianza, sé que puedo hacer transacciones con alguien que no conozco sin necesidad de un intermediario que las valide, porque la tecnología, un registro público descentralizado en miles de computadores hace las veces de intermediario, de garante.

Blockchain hoy es mucho más que criptomonedas, es el comienzo de un nuevo internet más seguro. Juan Carlos Castillo (un ingeniero en computación mexicano), Ignacio de León acá presente (Nacho es economista especializado en finanzas), y yo, un periodista, encontramos que las ventajas de esta tecnología permitirían desarrollarla para la política y la organización social, así que fundamos Citizenz Tech.

Citizenz somos una pequeña firma consultora especializada en promover herramientas de gobernanza basadas en blockchain. No somos los únicos, ni los primeros, pero como venezolanos somos orgullosos y creemos que nuestro concepto es uno de los mejor diseñados y versátiles que hay. Nuestro desarrollo se basa en un sistema blindado de identidad, un mecanismo de registro y transferencia de bienes y un sistema de encuestas y votación seguro.

Originalmente, la diseñamos pensando en las llamadas smart cities y en grandes organizaciones democráticas como Amnesty International, la organización de derechos humanos con la que estamos en proceso de probar esta tecnología.  

Pensamos en instituciones que necesitan modernizar y ampliar sus métodos de identificación, pero también legitimar sus gestiones con proyectos colectivos, mediante métodos de participación y de votación efectivos y transparentes.

Un día Nacho y yo vimos que era posible utilizar nuestra tecnología para organizar a la diáspora.  Como muchos en esta sala él y yo somos de los que queremos volver, pero no tenemos una fecha de retorno definida. Y somos dos de ¿cuántos? ¿2 millones, o 4 millones de venezolanos que han dejado el país en las dos últimas décadas? Lo cierto es que hay estimados, pero no cifras exactas de cuántos somos, de cuántos hemos emigrado, especialmente en los últimos 4 años.

A pesar de nuestro equipaje emocional y de los trastornos que implica, emigrar no tiene que ser una tragedia. Y este es, claro, el tema que se discute en Plan País este fin de semana, el rol de la diáspora en el futuro de Venezuela.

No tiene que ser una tragedia pues la emigración es una oportunidad y no solo para el emigrante, sino para el país que deja atrás y también para el que lo recibe.

Creemos que hoy, para hablar desde el extranjero sobre nuestro rol en el futuro de Venezuela, tenemos que hablar primero del futuro de la diáspora. Antes de pensar en cómo devolver la prosperidad y la democracia a nuestro país, debemos empezar a pensar en cómo hacer próspera y democrática a la diáspora.

Pero cómo hacerlo si estamos justamente tan repartidos por el mundo y nuestras realidades son tan distintas.

Vean el caso de Teodardo Serrano. A Teodardo lo ven en esta foto tomada ayer en Cúcuta, Colombia, junto a la sede de la ONU y oficina del ACNUR, el alto comisionado de las Naciones Unidas para refugiados. Teodardo trabajó conmigo como camarógrafo años atrás. Y hace un par de meses, sin dinero ni pasaporte, cruzó la frontera a pie y, como decenas de miles de venezolanos, su situación es precaria. El ACNUR le dio apoyo pagándole una habitación, pero pasado un mes, ya no estaba tan claro si podían continuar dándole apoyo, tampoco si ya Teodardo había consumido su cuota de ayuda humanitaria. Aunque el gobierno de Colombia le dio este documento que le permite permanecer en la zona fronteriza, eso no le da derecho a trabajo y si lo extravía o se daña, es muy difícil de recuperar. Sin un documento de identidad sólido, le es imposible seguir viajando más al sur u obtener ayuda en otra parte. Y, como él, hay decenas de miles con documentos vencidos y sin certeza de cómo podrán sobrevivir. Caen en manos de mafias, víctimas de la trata de personas o en la guerrilla.

Creemos que nuestra aplicación podría ser parte de la solución. El Acnur ha estado probando la tecnología blockchain en Jordania para los refugiados sirios. Esto está aún muy fresco. Apenas este mes, iniciamos comunicaciones con la OEA, e incluso con autoridades locales y les ofrecimos la posibilidad de diseñar una aplicación móvil con la que cada refugiado puede registrar su información personal y de contacto, sus documentos de identidad disponibles y, con su fotografía y algún dato biométrico, generaríamos una identidad muy segura, ligada al blockchain.

El código QR generado podría ser leído por las autoridades no solo en Colombia, sino en Brasil, en toda la región Andina, Centroamérica, en las islas del Caribe y a donde quiera que esa persona se mueva. No solo eso, gobiernos y entes internacionales, o actores privados podrían adjudicar ayuda humanitaria usando tokens canjeables por efectivo o bienes, directamente a cada migrante, organización humanitaria o centro de salud o distribución de alimentos. Así habría una red de asistencia eficiente, sin redundancias, transparente, con la posibilidad de reducir al mínimo la corrupción. Así Teodardo y muchos como él sabrían con cuánta ayuda cuentan en cada momento.

Nuestra propuesta apenas se está estudiando y estamos conscientes de que hay barreras por superar para demostrar por qué ahorraría dinero, tiempo y sufrimiento a mucha gente.

Pero no toda la diáspora pasa por una situación de emergencia humanitaria. Qué hay de ustedes, de nosotros. De los profesionales que están en todo el mundo contribuyendo en mayor o menor medida, sobreviviendo o triunfando. Pues nada, que somos un gentío, pero no actuamos como nación. Si, claro hay grupos de Facebook públicos y privados para compartir nuestras opiniones e intereses o nos desahogamos en Twitter. Hay al menos 10  grupos o personas que hemos identificado que quieren organizar a la diáspora y están empezando a hacer cosas algunas extraordinarias. Pero lo que no tenemos aún es instituciones, estamos huérfanos de instituciones. Nos faltan mecanismos de organización.

Pensando en esta diáspora nos planteamos el proyecto Nación Venezuela. Creemos que usando una aplicación de blockchain especialmente diseñada para este propósito podemos contarnos todos, con una identidad sin lugar a duplicidades, ni perfiles falsos.

En Nación Venezuela cabemos todos, con nuestras diferencias, pero contando con las herramientas para identificar todo lo que nos une. La idea es juntar nuestro poder colectivo y descubrir, no solo que somos una fuerza política formidable sino una fuerza de mercado. Juntos podemos negociar descuentos en seguros, créditos, bienes y servicios de todo tipo que beneficien a los venezolanos de la diáspora.

Más aún, podemos invertir juntos. Empleando el sistema de tokens se puede hacer crowdfunding en proyectos colectivos locales como, por ejemplo, una Casa de Venezuela en Washington, o en Boston, Miami o Madrid. Imaginen una inversión en bienes raíces que puede transformarse en museo, teatro, centro de convenciones, espacio para oficinas que no solo crearía un beneficio para la comunidad sino una ganancia a ser distribuida o reinvertida. Estas, a diferencia de los centros de propaganda y espionaje de un Estado fallido, serían las verdaderas embajadas de la nación venezolana

O quizás podríamos invertir en negocios de emprendedores venezolanos. O en un proyecto social en Cúcuta. Podríamos ayudar a dar empleo a los venezolanos de la diáspora y dejar de ser un carga para las ciudades receptoras y ser parte de la solución.

Tengo esperanzas en que no solo prosperaremos juntos, sino que esta experiencia tecnológica y esta práctica democrática servirá para la transición que vendrá en Venezuela.

No será la primera vez en la  historia, ni la última, en que la tecnología sirve para superar barreras que antes parecían infranqueables y acercar a los seres humanos.

Somos una nación en el exilio porque donde quiera que estemos, sabemos que tenemos un pasado común, pero juntos tendremos mucha fuerza. y también un destino compartido.

Gracias.